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A la escuela pública los niños van sin comer Featured

 

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Nuestros niños y nuestros jóvenes no pueden aprender porque van sin comer a la escuela.

ElPrograma Mundial de Alimentos(PMA) hizo un llamado a la región para avanzar hacia un acceso equitativo a la comida, ya quecerca del 25% de la población “es vulnerable ante el hambre.

Los números asustan y son impactantes por donde se los mire: enAmérica Latinahay más de 7 millones de niños en edad preescolar "crónicamente desnutridos", un problema que se concentra en las comunidades indígenas y afro descendientes, señala el PMA. 

En todo el mundo, unas 875 millones de personas padecen desnutrición crónica, una cifra

que, a primera vista indica que no se está ganando la guerra contra el hambre.

UNICEF ha publicado que en américa latina “La erradicación de la desnutrición infantil requiere que los países latinoamericanos desarrollen políticas de Estado integrales, de largo plazo y con participación activa de todos los actores.” Según estimaciones del PMA, el costo anual para combatir la desnutrición en todos los niños menores de 5 años en la región, asciende a 205 mil millones de dólares, pero el de no combatirla oscila entre 104 mil millones y 174 mil millones de dólares (por mortalidad infantil, pérdida en la productividad por retardo en el crecimiento y pérdidas por enfermedades crónicas, entre otras causas).

Según la Unicef en Honduras,  el 31% de los niños  menores de 5 años padece desnutrición crónica, o sea,tres de cada 10 niños están crónicamente desnutridos. Mientras la tasa de mortalidad materna es de 108 por cada 100,000 nacidos vivos, una cifra inaceptablemente elevada y en las zonas de acceso más difícil llega a duplicar el promedio. La cobertura de agua potable y de saneamiento básico sigue siendo reducida, especialmente en las zonas rurales y entre las poblaciones dispersas.

Este dato llama profundamente a reflexión a nosotros los educadores y también debería de llamarle  al pueblo y a quienes nos gobiernan.

Los docente denunciamos este hecho, porque somos nosotros quienes día a día sufrimos  todos estos males,  al lado de la niñez y la juventud que son el futuro de nuestra patria.

Un niño desnutrido, representa un futuro desnutrido.

Los docentes que trabajamos en la escuela pública, somos testigos a diario de la triste realidad de nuestros niños y niñas, que van sin comer a clases.

La mayoría provienen de hogares desintegrados, de hogares donde sus padres no tienen empleo, o sobreviven con un dólar al día, es decir con 22 lempiras.

Como maestros todos los días tenemos que sufrir junto a nuestros niños y niñas esta triste realidad.

Todos los días hablamos con ellos, y con la sinceridad que caracteriza a la niñez, nos cuentan los problemas de sus hogares, el mal trato que  muchos de ellos reciben  de sus padres, la promiscuidad en que viven, las limitaciones económicas y por si fuera poco el desempleo que enfrentan sus progenitores.

Desde luego la falta de alimentos los obliga ir a la escuela sin comer, en la mayoría de casos su desayuno es una taza de café con una semita, y otros  se van sin nada en el estómago,  desde luego tampoco en la escuela tienen una merienda.

Todo lo anterior se suma a la desgracia en que los centros educativos reciben a los niños y jóvenes; escuelas y colegios destruidos, sin agua ni luz, ni siquiera tienen servicios sanitarios.

El que un niño o un  joven vaya a clases sin comer es algo muy grave y lamentable, eso limita el aprendizaje,  no permite desarrollar sus habilidades y destrezas, su formación se reprime, la asimilación de conocimientos es muy baja,  producto de su desnutrición.

 El educar niños en la escuela pública es  un desafío que a diario enfrentamos los docentes.

Una triste sonrisa en el rostro de un niño, es la expresión más sencilla que con sus ojos dice tengo hambre. Luego se presenta a un centro educativo público que también es un símbolo de su desgracia ampliada. Bajo este espectro, ¿cuál es el futuro de estos niños y jóvenes, cuál es el futuro de nuestra patria?

No hay merienda escolar, no hay bono del transporte, no existe la matrícula gratis y los padres de familia no tienen empleo,  ni por cerca existe la mochila pedagógica, en pocas palabras estamos en manos de un gobierno que ni un lápiz proporciona a los niños de la escuela pública, pero sí,  cuando ocupan el voto andan  desesperados en todas las ciudades y aldeas  del país ofreciendo paja.

Sí, a los políticos no les importa el hambre de los niños, que los jóvenes al egresar no tengan empleo, que los centros educativos públicos estén destruidos, pero desgraciadamente nuestro pueblo no tiene conciencia de todos estos malos, producto de las malas decisiones que toman quienes nos gobiernan y siempre siguen votando por los mismos.

Hoy ya no pueden culpar a los docentes del hambre de la niñez, la  falta de textos en las escuelas y de medicinas en los hospitales, del desempleo, porque todo lo que aquí estamos denunciando es responsabilidad del gobierno. El pueblo debe convencerse de la farsa a la que nos tienen sometidos los que nos gobiernan, nosotros como maestros estamos trabajando,  tenemos las escuelas abiertas, pero eso no basta, necesitamos que las autoridades respondan a las exigencias de la niñez y juventud que son el futuro de nuestra Honduras.

Defendamos  la escuela pública.

Rescatemos el aula de clases.

Porque nos asiste la razón persistimos en la lucha.

 

JUNTA CENTRAL EJECUTIVA DEL COLPROSUMAH